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Respuestas a preguntas que muchos no hacen y que mortifican, producen ansiedad, causan estrés, deterioran relaciones interpersonales y calidad de vida

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Mi caso y como lo resolví ...

Casos reales, de enfermedades o situaciones, resueltas positivamente, que pueden ser una guía que calme la ansiedad inicial del impacto al conocerse la situación que los aqueja.

Mi hijo era drogadicto. Lo mataron y logré superarlo.

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Me llamo Claudia: Soy la mayor de una familia de clase media,compuesta por padre madre y tres hermanos, dos hombres. Estudie derecho en una buena universidad colombiana, en la facultad conocí a mi esposo, tan pronto terminamos, ambos derecho, nos casamos.

Nuestro primer hijo nació a los 7 meses de casada, ( gestación completa). Nuestros primeros años fueron de completa felicidad, ambos logramos conseguir buenos empleos y vivíamos cómodamente educando a nuestro hijo. Teníamos un grupo de amigos con quienes compartíamos frecuentemente ratos de esparcimiento, salíamos a bailar, a pasear a jugar frecuentemente, todos empezaban a formar familias y a tener sus hijos.

Ocho años después de casada quedé nuevamente embarazada, una bella niña ilumino nuestro hogar. Tenia entonces 33 años. Fue en ese entonce cuando descubrimos que a nuestro hijo de 8 años, le gustaba el trago. Mi esposo tomaba vino en las comidas los fines de semana o de vez en cuando nos reuníamos con nuestros amigos y tomábamos whisky o cerveza o vino dependiendo de la ocasión y empezamos a notar que nuestro hijo, tomaba los cunchos de los vasos o copas que encontraba. Empezamos entonces a controlar las bebidas alcohólicas que teníamos en la casa, consultamos con el psicólogo del colegio y nos dio varias pautas a seguir para moldear su comportamiento.

En el colegio donde estudiaba mi hijo se organizo una jornada de observación en el campo, fueron todos los compañeros de curso, mi hijo, que ya tenía trece años, le robo una botella de whisky a su papa y se pego la primer borrachera, fue todo un escándalo, le pusieron matrícula condicional y nos obligaron a someterlo a un tratamiento especial. A raíz de eso cambiamos por completo nuestra forma de vivir, reducimos la injesta de trago al mínimo, al igual que las reuniones con nuestros amigo y familia. Esto desequilibró un poco la relación de pareja, mi esposo los fines de semana llegaba tarde y a vece con tragos ya no salíamos a divertirnos, yo me entregó por completo a mi trabajo y a mis hijos y descuidé a mi esposo. En ese entonce la compañía donde trabajaba lo envió en comisión a los estados unidos por tres meses, regreso bastante cambiado, me acusaba de ser la culpable del comportamiento de mi hijo, recriminaba todos mis actos, las peleas y discusiones era frecuentes. Duramos un año más juntos y nos separamos. El renuncio al trabajo, y se radicó en los estados unidos, consiguió un trabajo y nos empezó a enviar dinero durante cuatro años seguidos. Posteriormente nunca más volvimos a saber de el.

La separación afecto muchos a mis hijos, el rendimiento académico decayó, para sostener la casa y los gastos yo tenía que seguir trabajando, la atención directa a ellos se vio mermada, mi hijo entro en la adolescencia y se desboco por completo con sus amigos, llegaba tarde borracho a veces no llegaba, yo en vista de eso empece a fallar en mi trabajo y de hecho la situación económica empeoro, le pedí ayuda a mi familia , mis hermanos me colaboraron bastante, logramos que mi hijo se sometiera a un tratamiento para desintoxicar su organismo, pero solo pudo hacerlo durante 5 meses y regreso a las mismas, nunca pudo ni siquiera terminar su bachillerato. No valieron concejos, castigos premios etc.

A estas alturas me cuestionaba todos los días que hicimos mal, eramos normales, nos divertíamos como todos nuestros amigos, que ya no lo eran, sin desbordarnos, y ellos tenían hijos con problemas normales. Tanto en mi familia como en la de el no conocíamos casos de alcohólicos irresponsables, eran bebedores sociales normales que cumplían con todas sus obligaciones. Le pedía a Dios todos los días me ayudara pero las cosas seguían de mal en peor, mi familia dejo de ayudarnos, y los entiendo, tenían sus hijos y el mio no era un ejemplo para ellos, al contrario podía hacerles daño.

Desidi entonces tratar de separarlo de sus amigotes del barrio y nos mudamos bien lejos dentro de la Ciudad (Bogotá) a otro sector de condición más humilde dada nuestra situación económica, pero fue peor; creo allí conoció la droga, y empeoró su situación. Con miles de esfuerzos lo internamos en una institución para drogadictos donde estuvo otros seis meses, se voló y a los dos meses de vivir en la calle volvió al hogar. Lo acogí con todo el amor de madre llenándolo de atenciones, dándole concejos, pero nunca logré que aceptara que era un enfermo y necesitaba ayuda. Volvió a sus andanzas y una noche borracho trato de abusar de su hermana. Desde ese instante viví los momentos más difíciles de mi vida, cuidando a mi hija y tratando de sacar adelante a mi hijo. Empecé a renegar de mi fe. No entendía porque dios hacia esto conmigo, seguía buscando una explicación a mi situación y no la encontraba.

Para comprar vicio y trago empezó a robarnos lo poco que conseguíamos. Fue tanta la desesperación que decidí echarlo de la casa. Así transcurrieron dos años más, aveces venia, sucio, desnutrido, yo lo cuidada le daba de comer y nuevamente se iba. Hasta que un día recibí una llamada de la policía. Estaba tratando de abrir un carro y el dueño lo cogió infragante y le pego un balazo mortal. Necesitaban que fuera a reconocer su cadáver. Sentí una tristeza infinita, el dolor de una madre al perder su hijo no me fue ajeno. Al mismo tiempo sentimientos encontrados me invadieron. Quizás dios al ver mi sufrimiento decidió acabarlo de esa manera. Llore toda la noche al otro día fui a reconocer el cadáver, y enterré a mi hijo. Hacia tres meses había cumplido 26 años.

Han pasado 15 años, Mi hija, con miles de esfuerzos logro terminar derecho, se caso con un buen hombre, tiene dos hijos y yo vivo con ellos. Hoy nuevamente he alcanzado la paz interna que me hace vivir tranquila, me refugie en la Iglesia y gracias a dios recuperé la fe perdida. El párroco de la iglesia del sector donde vivimos, me ha ayudado a comprender muchas cosas.

Pido disculpas a quien lea esto, no soy escritora, encontré por intenet este sitio y me atreví a escribir y no se porque, pero me siento feliz de haberlo hecho, me parece que le estoy contando al mundo que yo he sufrido y que comprendo a todos los que estén sufriendo dramas similares, estoy segura que muchas de las personas que lo lean nos van a incluir en sus oraciones . Gracias.

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